Luchando con la Fe

De repente me di cuenta que estuve luchando mucho tiempo sin saberlo.

Estuve luchando, pero sin sangrar. Estuve luchando pero no perdí ninguna vida. Estuve luchando pero no tuve ni pude matar a nadie. Estuve luchando, pero la única persona involucrada en la lucha era yo mismo. Luché con mi fe, con mis creencias y modelos mentales.

Ya desde chico creí en Dios, en mayor o en menor medida, o mejor dicho, con mayor o menor intensidad. Creo que en la infancia creía con mayor fe que de grande, en un Dios que me cuidaba y que me acompañaba a dormir bien. Un Dios al que le recitaba “en paz me acostaré y así mismo dormiré, porque solo tu Señor me haces vivir confiado”(Salmos 4:8).

A medida que entraba al raro camino de la adolescencia fui descubriendo en mi mismo, puntos fuertes, puntos débiles, puntos vergonzosos, puntos hipócritas y los puntos que me empezaban a importar en la vida. Me fui dando cuenta de las cosas que me gustaban, de los hobbys, de que me encantaba la montaña, las bicis, y andar por andar inquieto, siempre.

Mientras tanto se desarrollaban mis luchas con la fe. Al principio pensando que yo tenía el control de la vida, y que podía encontrar casi todas las respuestas y que era bastante independiente en varios aspectos. De a poco la vida fue alimentando mi fe, y empecé a darme cuenta del poco control que tenía sobre los hechos de lo cotidiano. Apenas me podía controlar a mi mismo.

Es en esta época en la que empecé a luchar con mi fe, y con Dios. Mi lucha estaba en el campo de la rebeldía hacia este Dios que leía en la Biblia. Un Dios que parecía distante a mi realidad, mis deseos y pensamientos. Un Dios que yo creía alejado.

Comencé a leer de fe, bastante más la Biblia y conocer testimonios de personas cambiadas por Dios, y seguí luchando con mi fe. A los 18 años empecé a tratar de entender la Gracia, un concepto que sigo sin comprender del todo.

Mientras más exteriorizaba mi lucha con Dios, más encontraba destellos de gozo y seguridad en el camino. Seguridad que venía de un lado espiritual, porque no tenía otro motivo. Mientras más luchaba y me costaba entender las cosas, más paz y gozo encontraba depositando fe en Dios.

No se si mi fe es esa creencia inmutable eterna radical que me gustaría que fuese. Pero lucho para que así sea y para encontrar gozo en el camino.

Mientras más lucho con mi fe, más gana la fe.

delacroix_jakob-engel_grtPD: Cuadro de Eugène Delacroix de Jacob luchando con el ángel de Jah.

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